domingo, 24 de abril de 2011

Los olores

Tan salados los olores en Shanghai. Son una mezcla impresionante entre un saneamiento sobre exigido en una ciudad que crece y crece y ya tiene 22 millones de habitantes, aceite quemado de los miles de puestos de comida callejera que hay en cada esquina, condimentos varios que lo impregnan todo, carne de gallina raquítica en descomposición y unos “snacks” que venden en los quioscos, que son alas de pollo, achuras y otras carnes que no identificamos fritas y luego hervidas, que se venden como en una brochette y quedan durante horas y horas esperando un comprador, inundando todo con el olor del vapor.

Los baños públicos tienen un olor muy fuerte, es como un pichí más fuerte que el que estamos acostumbrados. Hay muchos que son pozos como los que hay en Santa Teresa y de hecho ellos prefieren el pozo al wáter. Encontrar un baño limpio es difícil.

Los olores son una parte muy importante de la vivencia de Shanghai.

El aura.

Es asombrosa la forma de vincularse que tiene la gente en la calle. No existen los “modales” como los entendemos nosotros. Nadie pide permiso ni disculpas. “Gracias” se dice “xi xi” pero lo aprendimos con una guía porque es una palabra que no se escucha casi nunca y “de nada” ni sabemos cómo se dice.

La gente se pecha sin pedirse disculpas, el ritmo es frenético y todos caminan sin parar, sin mirarse a los ojos.

No existe el respeto por el espacio del otro como lo concebimos nosotros, la gente mete la cabeza inquisidoramente cuando estamos hablando en grupos, mirando el mapa o buscando una dirección. Estoy escribiendo esto en el tren rumbo a Beijing, sentada en unos asientos enfrentados que son como para dos personas. Está sentado Fede contra la ventana durmiendo y yo al lado escribiendo en la compu. Recién se me sentó al lado una chica de unos 25 años, sin pedir permiso ni hacer ningún gesto, sino de una forma que en Montevideo consideraríamos “de viva”… Pero acá a nadie le llama la atención porque es la forma que tienen de manejarse.

En el subte, la gente que quiere entrar al tren se pone en la puerta de forma que es casi imposible para los que están adentro salir sin pecharse. Todo el mundo corre para alcanzar un asiento, sin miramientos, no hay asientos especiales para discapacitados o maternales.

El lenguaje del cuerpo

Los padres (particularmente hombres) son muy cariñosos con los niños chiquitos, no sé si será consecuencia de la política de un sólo hijo.

Es muy común ver mujeres de la mano o del brazo.

Los niños van a upa hasta bastante grandes, las distancias son largas.

Hay poca infraestructura para discapacitados a pesar de que es una ciudad moderna.

Tienen una posición muy característica, en cuclillas pero con la planta del pie totalmente apoyada en el piso. En esa posición, fuman en el descanso del trabajo, juegan a las cartas o esperan.

Es bastante común que los bebés tengan un tajo en el pantalón que les deja al aire la cola y la parte de adelante, de modo de poder hacer pichí o caca con libertad. Ayer en Suzhou había una niña en la vereda agachada haciendo caca. En Shangahi, en muchos casos tenían pañales a pesar del tajo, supongo que se está imponiendo de algún modo esa costumbre.

El idioma.

No es mucha la gente que habla inglés en Shanghai y ni que hablar en español. Es una sensación rarísima estar en un lugar donde nadie entiende nuestro idioma. Actuamos con una impunidad asombrosa, comentamos las situaciones y las personas abiertamente.

Hoy en el tren camino de Shanghai a Beijing había un niño de un año más o menos, igualito al de la era del hielo. En un momento se fue solo caminando para el otro vagón y volvió diciendo “mamámamá”, igualito que un niño uruguayo o de cualquier otro lugar. Casi se nos pianta un lagrimón.

Fascinante y enloquecedora

Shanghai es frenética, las bocinas son permanentes, la gente corre de un lado a otro, sin mirarse, sin pedir permiso. Eso me hace estar en permanente alerta, tensionada. De todos modos, es un crisol de olores, sonidos, imágenes que no deja de admirarme. Estoy en Shanghai. Que lo parió!

Shanghai se formó como gran ciudad a partir de mediados del siglo XIX, con la guerra del opio que terminó con Inglaterra, Francia y Estados Unidos repartiéndose secciones de la ciudad. El comercio es su motor.

La ciudad y la gente se comportan como nuevos ricos. La ciudad ostenta su modernidad, parece gritar que está mirando al futuro, en constante transformación. La gente se viste “bien” al estilo occidental, con buena ropa, peinados modernos. El consumo es permanente.

Se ven algunos excluidos, gente en la calle, pidiendo ante las multitudes que caminan sin detenerse.

Mamita, qué jet lag!

Acá estoy desayunando en el hostel de Shanghai. Comí unas tostadas con mermeladas muy ricas, el resto de las cosas están fuleras! Unas especies de empanadas hervidas de espinaca o de cerdo, brotes de soja, repollo cortado... Y el jugo de naranja es una especie de tang. Hay leche de soja y leche de vaca pero no hay nada para ponerles más que cereales.

Ayer la experiencia del vuelo estuvo rarísima! Salimos el sábado a las 11 de la mañana de Chicago, volamos 14 horas y llegamos a las 14.00 del domingo a Shanghai. El vuelo en sí fue bastante llevadero porque cada persona tenía una pantallita adelante y había muchas películas para ver y jueguitos para jugar, así que me enfermé jugando al tetris, je!

Pero al llegar a Shanghai, para mi cuerpo eran la 1 de la mañana y era pleno mediodía, un viaje! Sigo media jet-lagueada, con un mareo subyacente que espero que ya se me pase.

La experiencia de tomar el metro para venir al hostel fue rarísima! No había ninguna explicación en inglés, hablando con la que atendía más o menos nos entendimos pero estuvo re complicado! Según decían las instrucciones del hostel, teníamos que tomar la línea 2 y de ahí hacer trasbordo con la 4 en una estación determinada. En la mitad del camino, vimos que la gente se empezaba a bajar y uno nos dijo algo en chino que obviamente no entendimos y se bajó. Ahí nos bajamos siguiendo a las masas, sin saber mucho por qué. Fue un momento caótico, bajaba gente de nuestro tren y se subían al que venía en la otra dirección y a su vez los que venían en el tren en dirección opuesta se estaban subiendo al que veníamos nosotros. En ese caos, con nuestras mochilas a cuestas, salimos del tren. Fue un caos y muy gracioso, con el cansancio que teníamos no podíamos parar de reirnos! Al final entendimos que había que cambiar de tren y finalmente llegamos a la estación que teníamos que llegar.

El tren es super moderno, limpísimo! La gente vestida muy occidental. Vimos un bebé con el típico agujero en el pantalón para hacer caca, pero abajo tenía pañales descartables, una especie de demostración de la mezcla de culturas que hay por acá.

La ciudad me pareció apabullante. Empecé a sentir el olor que todos comentan, que creo es como a una especie de condimento. Hay mucha mucha gente y se manejan de una forma distinta a lo que estamos acostumbrados: todos caminan a toda velocidad sin pecharse y las veces que alguno se choca con otro, no piden disculpas sino que siguen de largo. Hay muchas motos y el tráfico es bastante desordenado, se abren paso tocando bocina. Ya me habían contado eso de otros lugares de Asia pero me había imaginado que acá sería más organizado. Me da la sensación de que son tantos que la forma de sobrevivir es esa, hacerse un lugar a la fuerza. Igual hubo gente simpática que no saludé e intentó ayudarnos pero ayer con el cansancio que teníamos y los bolsos, me agobió un poco el pedazo de ciudad que vimos.

Llegamos al hostel y lo primero que vimos fue el conserje, un enano de traje que quedaba como pintado entre tanta cosa surreal que habíamos visto. El hostel muy lindo, moderno, bien arreglado y los que atienden hablan en inglés. Ayer estaba tan cansada que me acosté "un ratito" a las 6 y media de la tarde y me quedé dormida, muerta! Llegaron lu y Nico que venían de Malasia y abrí un ojo, dije "hola" y seguí durmiendo. Hoy a las 4 de la mañana ya estaba despierta! Pero seguí durmiendo hasta las 7. Je.

viernes, 15 de abril de 2011

Rapidito

Hoy fue un día de mucho mucho frío, viento y lluvia, pero paseamos mucho igual.
Estuvimos en Hyde Park, donde está la Universidad de Chicago. Estuvo muy buena la recorrida, almorzamos en lo que sería la facultad de economía, de donde salieron Samuelson, Hayek, Coase, Becker, Friedman y un montón más.
Mañana tempranito partimos a Shanghai, lo que va a implicar no poder entrar al blog como hasta el 4 de mayo... Mi idea es ir escribiendo en la máquina y después pasar las entradas.
Ahora, a dormir, que se me caen los ojos!